Vaya por delante en este artículo de opinión que, para no generalizar, pretendo referirme a quienes son los encargados de dirigir las competiciones de futbol correspondiente a las mismas del deporte escolar o los también llamados juegos escolares que, bajo el amparo y tutela de la Delegación de Deportes de nuestro ayuntamiento, se desarrollan y celebran en Aranjuez.
Debo de reconocer que después de varios años sin seguir estas competiciones y ver en la actualidad la escasa o nula evolución que las mismas han llevado a cabo, ahora, por motivos que no vienen al caso, he vuelto de nuevo a ser un seguidor de las mismas desde el punto de vista como espectador. Sobre todo en algunas de las competiciones de fútbol.
Así, recientemente en el pasado Fresi Esparrago y ya en la reanudación tras el parón navideño de las propias competiciones, he observado cómo, a pesar del convenio existente entre la RFFM y el propio ayuntamiento para que estos partidos de niños sean dirigidos por colegiados oficiales, esa función o labor arbitral deja bastante de desear.
Partiendo de la base de que el nivel de este futbol escolar es bajísimo, y que por tanto y por no entrar en detalles no se hace sencillo arbitrar o dirigir un partido , considerando esta circunstancia, la figura y presencia del árbitro cobra una importancia capital si el colegiado es capaz de entender que tipo de “juego” se va a encontrar a la hora de vestirse de corto y colocarse un silbato en la boca.
Es verdad que uno de los objetivos del árbitro al dirigir un partido es, aparte de otros, supervisar y hacer cumplir el cumplimiento de las normas y reglas del juego pero no es menos cierto que, hablando de este tipo de competición donde las lagunas y el nivel de los jugadores es el que es, el colegiado , y así debería entenderlo si tiene capacidad para ello, o recibir por parte de quien corresponda las correspondientes indicaciones al respecto, debería ejercer más como formador, educador y docente que en su faceta de juez.
Por lo observado por mi parte recientemente en algunos de los partidos que he seguido y, sobre todo por parte de alguno de estos árbitros, estos, por cierto ya entrados en muchos años y, sobre todo, en muchos kilos, con lo que la imagen que proyectan no es lo más edificante si de deporte hablamos; no son capaces de corregir en aspectos básicos a los niños/as integrantes de los equipos participantes.
Y es más, sin llegar a faltarles el respeto, ni proferir insulto alguno, si les transmites alguna observación al respecto su respuesta es no aceptarla y hacerlo con chulería, prepotencia y altanería.
Al hacerlo así, la consecuencia que dejan sobre el terreno de juego; independientemente de que el resultado favorezca a uno u otro equipo que no es el caso ahora motivo del artículo, donde se posicionan en el centro del campo sin ser capaces de darse una carrera de más de tres metros, es que su único y claro objetivo es que finalice el partido y así justificar posteriormente pasar por caja para “cobrar” el importe que le corresponde por el arbitraje.
Dicho esto, que es una realidad y así lo podrían atestiguar quienes como padres, familiares y acompañantes lo hacen siguiendo estas competiciones en las que participan un buen número de niños/as y con el fin de , en lo posible, poder ponerle remedio y solución a esta problemática desde el organismo pertinente se debería intentar atajarla en un deporte que, prioritariamente creo, debería preocuparse más por el aspecto formativo y educativo que el competitivo en el que, es verdad, la dirección de los partidos, sin entender estos realmente, repito deporte de iniciación o formativo, cual debe ser su papel y como desempeñarlo, cuenta, visto así hasta la fecha, con la figura de un mal necesario como lo es el árbitro.
- Julio Montero -

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